Archivo de la etiqueta: Enseñanzas Valiosas

Carrera de Ranas

Era una vez una carrera de ranas. El objetivo era llegar a lo alto de una gran torre. Había en el lugar una multitud. Mucha gente para animarlas y gritar por ellas.

Comenzó la competición. Como la multitud no creía que pudieran alcanzar la cima de aquella torre, lo que más se escuchaba era:

-“Que pena, esas ranas no lo van a conseguir, no lo van a conseguir…”

Las ranitas comenzaron a desistir. Pero había una que persistía y continuaba subiendo en busca de la cima. La multitud continuaba gritando:

– “que pena, vosotras no lo vais a conseguir!…”

Las ranitas estaban dándose por vencidas. La excepción era aquella ranita que seguía y seguía tranquila y ahora cada vez más con más fuerza.

Llegando el final de la competición todas desistieron, menos esa ranita que curiosamente en contra de todo, seguía.

Llegó a la cima con todo su esfuerzo. Todos querían saber que le había pasado. Un sapito le fue a preguntar como había conseguido concluir la prueba. Y descubrieron que era sorda.

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En el Andén de la Vida

Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren en en que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora. La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo. Buscó un banco en el andén central y se sentó preparada para la espera.

Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario. Imprevistamente, la señora observó cómo aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.

La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situación o hacer de cuenta que nada había pasado; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y saco una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos.

Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrío. La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho.

El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente.

Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete sólo quedaba la última galleta.

“No podrá ser tan caradura”, pensó mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas. Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad. Así, con un gestoa moroso, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco.

-“¡Gracias!” – dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad.

-“De nada” – contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.

Entonces el tren anunció su partida… La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en el andén y pensó: “¡Qué insolente, qué mal educado, qué será de nuestro mundo!”. Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su bolso, su paquete de galletas intacto.

Cuántas veces nuestros prejuicios, hacen valorar erróneamentea las personas; cuántas veces la desconfianza ya instalada en nosotros, hace que juzguemos injustamente perdiendo la gracia natural de compartir y enfrentar situaciones.

Cuenta tu jardín por las flores, no por las hojas caídas.

Cuenta tus días por las horas doradas, y olvida las penas habidas.

Cuenta tus noches por estrellas, no por sombras.

La Botella de Agua

Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed. Por su buena fortuna llegó a una cabaña vieja, desmoronada, sin ventanas ni techos. El pobre hombre anduvo por ahí y se encontró con una pequeña sombra donde acomodarse para huir del calor y el Sol del desierto. Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua, toda oxidada, el se arrastró hacia allí, tomó la manivela y comenzó a bombear, a bombear y a bombear sin parar. Pero nada sucedía.

Desilusionado, cayo postrado hacia atrás, notó que a su lado había una botella vieja, la miró, la limpió de todo el polvo que la rodeaba y pudo leer una nota que decía:

“Usted tiene primero que pre-cargar la bomba con toda el agua que contiene esta botella amigo, después, por favor tenga la gentileza de llenarla nuevamente antes de marchar”.

El hombre desenroscó la tapa de la botella, y en realidad, ahí estaba el agua. ¡La botella estaba llena de agua!

De repente, el se vio en un dilema, si bebiese aquella agua, el podría sobrevivir, pero si la vertía en esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría agua fresca, bien fría, del fondo del pozo, y podría tomar toda la que quisiese, o tal vez no, tal vez, la bomba no funcionaría y el agua de la botella se mal gastaria. ¡Podría morirse de sed!. ¿Qué debería hacer?, ¿Derramar el agua en la bomba y esperar a que saliese agua fresca, o beber el agua vieja de la botella e ignorar el mensaje que le había dejado un desconocido? ¿Debería perder toda aquella agua en la esperanza de aquellas instrucciones aparentemente poco fiables, escritas no se sabe cuanto tiempo atrás?

Con grandes dudas, el hombre derramó toda el agua en la bomba, enseguida agarró la manivela y comenzó a bombear, y la bomba empezó a rechinar y rechinar sin parar… ¡Nada pasaba!

La bomba continuaba con sus ruidos y entonces surgió un hilo de agua, después un pequeño flujo y finalmente, el agua corrió con abundancia, agua fresca, cristalina.

El llenó la botella y bebió ansiosamente, la llenó otra vez y tomó aún más de su contenido refrescante. Enseguida, la llenó de nuevo para el próximo viajero, la llenó hasta la boca, tomó la pequeña nota y aumentó la frase:

“Créame que funciona, usted tiene que dar toda el agua antes de obtenerla nuevamente.”

¿Cuantas veces tenemos miedo de iniciar un nuevo proyecto pues este demandará una inversión de tiempo, dinero, preparación y conocimiento?.

¿Cuantos se han quedado parados satisfaciéndose con unos resultados mediocres?

Unas pocas veces en la vida, se nos presentan oportunidades que pueden ayudarnos a ser mejores personas, o abrirnos nuevas puertas que nos conducen a un mundo mejor. Pero quizás siempre tememos, en vez de entregarnos y confiar, nos frenamos a nosotros mismos quedándonos inmóviles delante del camino porque las dudas y nuestra inseguridad nos paralizan, y tomamos así sólo un poquito de la vida, casi insuficiente, cuando si venciéramos nuestros miedos y temores, tendríamos a nuestro alcance toda la fuente para tomar todo lo que deseásemos.

Yo quiero ser grande

Un sábado más compartimos un texto con vosotros.

Porque siento que valgo,
porque siento que vivo,
porque siento que puedo,
yo quiero ser grande.

Porque estoy preparado,
porque lucho sin tregua,
porque tengo esperanzas,
yo quiero ser grande.

Una luz en mi camino,
una fuente en el desierto,
son testigos de una vida,
de constantes desafíos.

No reniego de mi suerte,
pero quisiera ser más fuerte,
y tentar en el presente,
lo que siempre estuvo ausente.

Porque siento que valgo,
porque siento que vivo,
porque siento que puedo,
yo quiero ser grande.

Un texto de Joranporre
Ilustración de Emma Gascó

El vaso de agua

Una anécdota de sábado para sacarle partido.

Una psicóloga en una sesión grupal levantó un vaso de agua, todo el mundo esperaba la pregunta: ¿Está medio lleno o medio vacío? Sin embargo, ella preguntó ¿Cuánto pesa este vaso?

Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos.

Pero la psicóloga respondió: “El peso absoluto no es importante, depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo 1 minuto, no es problema, si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo, si lo sostengo 1 día, mi brazo se entumecerá y paralizará.

El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado se vuelve. Y continuó: “Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellos un rato, no pasa nada. Si piensas un poco más empiezan a doler y si piensas en ellos todo el día, acabas sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada.”
¡Acuérdate de soltar el vaso!

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¿Así que quieres ser escritor? de Charles Bukowski
¡No olvides lo IMPORTANTE!

¡No olvides lo IMPORTANTE!

Compartimos una popular historia que nos encanta, si no la conocéis espero que os guste y si la conocéis seguro que os trae buenos recuerdos de la primera vez que la escuchateis:

Un profesor se paró frente de su clase mientras tenía algunas cosas en su escritorio. Al dar comienzo a la clase, tomo un gran frasco de vidrio que estaba vacío y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Rompió su silencio preguntando a sus alumnos si el jarro estaba lleno. Sin excepción, todos los estudiantes asintieron.

El profesor después tomo una caja con canicas de cristal y las vertió entre las pelotas de golf que antes había puesto en el jarro. El profesor sacudió el jarro suavemente y las canicas escurrieron a los espacios que habían quedado entre las pelotas de golf. Nuevamente, el profesor preguntó a sus alumnos si el jarro estaba lleno. Los alumnos, sorprendidos, respondieron con un ‘sí’ unánime.

El profesor tomó una pequeña caja de arena y la vertió dentro del jarro. Por supuesto, la arena lleno todo el espacio que quedaba en el jarro. Pregunto una vez más si el jarro estaba lleno. Los estudiantes respondieron en voz alta y al mismo tiempo ‘sí’.

El profesor sacó después dos cervezas debajo de su escritorio y las vertió completamente dentro del jarro de vidrio llenando el espacio entre la arena. Los estudiantes rieron.

‘Ahora’, dijo el profesor mientras la risa disminuía, ‘Quiero que piensen que este jarro representa su vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes – su familia, los hijos, la salud, los amigos y sus pasiones. Si lo perdieran todo y solo estas cosas importantes quedaran, su vida todavía estaría llena y plena. Las canicas representan las otras cosas que importan como su trabajo, su casa y su coche. La arena es todo lo demás, el resto.’

‘Si ponen la arena primero dentro del jarro vacío’, continuó, ‘No habrá más espacio para las canicas o las pelotas de golf. Lo mismo pasa en su vida.’

‘Si pasan todo su tiempo y energía en las cosas pequeñas, nunca van a tener espacio para las cosas que son realmente importantes.’ ‘Presten siempre atención a las cosas que son realmente importantes para ser felices. Pasen tiempo con sus hijos. Pasen tiempo con sus padres. Visiten a sus abuelos. Salgan a cenar con su esposa. Disfruten otra fiesta en familia. Siempre habrá tiempo después para limpiar la casa y cortar el césped.

‘Siempre preocúpense de las Pelotas de golf primero – las cosas que realmente importan. Fijen sus prioridades. El resto es sólo arena.’

Una vez que el profesor había terminado, uno de los estudiantes levanto su mano y preguntó que representaba la cerveza. El profesor sonrió y dijo, ‘Que bien que preguntaste. La cerveza solo muestra que no importa cuan llena de cosas parezca tu vida, siempre hay tiempo para compartir un par de cervezas con un amigo.’