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100 Lugares que visitar antes de morir. 21 Glaciar Jostedalsbreen

Es el mayor glaciar en el continente europeo (487 km²), que da nombre al Parque Nacional donde se encuentra, en Noruega. Siendo el cuarto Parque Nacional en tamaño de este país.

El punto más alto del glaciar, Brenibba, alcanza los 2.018 metros por encima del nivel del mar, mientras que su punto más bajo son los 350 metros que se alcanzan en dos de los brazos del glaciar Bøyabreen y Nigardsbreen. El glaciar tiene una longitud de poco más de 60 kilómetros y en algunos puntos se acumula una capa de nieve de más de 600 m de espesor. (Datos de Wikipedia)

El Parque, está lleno de rutas de senderismo para explorar y entrar en contacto con el paisaje, es visitado cada año por 300.000 personas. Una de las mayores atracciones es sin duda el caminar por el propio hielo, habiendo varias decenas de posibilidades de hacerlo y rutas desde lo más sencillo para disfrutar con niños a mas exigentes y para las que es necesario una preparación y experiencia.

El glaciar más típico y accesible por el que se camina es Nigardsbreen, uno de los brazos de Jostedalsbreen. Avisar que no es posible llegar sin coche. Desde la “oficina” donde se abona el tour y el pie del glaciar hay tres kilometros y entre medias un peaje muy curioso con autoservicio, metes el dinero del peaje en un sobre con la matrícula del coche y tú mismo levantas la barrera. Una vez en el lago, un pequeño paseo en barquita y comienza la aventura al pie del glaciar.

El cambio climático como en todo el mundo es más sencillo de ver en estos glaciares. Mientras que los brazos de los glaciares crecieron durante la década de los 90, ahora su deshielo es muy evidente en muchos lugares, aunque hay mucha variación. Los brazos cortos y muy pendientes como el gralciar Brikdalsbreen y Bøyabreen reaccionan con rapidez ante un clima más cálido, los cuales han retrocedido varios cientos de metros en los últimos diez años. Para glaciares llanos, como el Nigardsbreen, el proceso de deshielo es mucho más lento.

Leyenda nórdica que bien podría haber sucedido a los pies del glaciar:

Vivía en Noruega un señor muy rico, poseía tierras y oro en abundancia, su hacienda era extensa y sus bolsillos nunca estaban vacíos. Sin embargo este rico señor se sentía solo, pues su esposa había muerto.

Un día vio a la hija de unos de sus granjeros trabajando y la muchacha le gustó.
El hombre pensó que a la joven le agradaría ser su esposa y se dirigió a ella. La chica, tras oír la declaración del señor, le dio las gracias por su interés, pero lo rechazó con buenas palabras y continuó su trabajo.
El hombre no se dio por vencido y se encaminó a la casa del padre, pensando que quizá él sería más prudente que la hija y lo aceptaría.
El padre de la joven se sintió satisfecho con la proposición de matrimonio y convinieron los dos en mantener el secreto hasta el día de la boda, para que la hija no tuviera oportunidad de quejarse; cuando todo estuviera preparado mandaría a la muchacha a casa del señor como si fuera a hacer un encargo.

Cuando llegó el momento de la boda y todos los invitados estaban presentes, el propietario mandó a uno de sus criados a la granja en busca de lo pactado.
El joven llego a la casa de la novia y le dijo al granjero:

-Me envía mi señor a por lo que vos le habéis prometido. El hombre lo mando al campo, asegurándole que allí estaba lo que debía recoger.

Al llegar allí el criado sólo vio a la hija recogiendo el heno, se acercó a ella y le pidió lo que su padre había prometido al amo.

La joven se dio cuenta de lo que sucedía y respondió con seguridad:

– Lo que tu amo quiere es nuestra vieja yegua, ve al establo y recógela.

El criado cogió la yegua y la llevó a las caballerizas de la hacienda. Cuando su amo lo vio de vuelta le preguntó si había traído lo pactado, el joven sin sospechar nada le respondió que si.
El amo encantado mandó a sus criados a que la subieran a un dormitorio. Los criados asustados corrieron a subir a la yegua por las escaleras y la metieron en una de las habitaciones.

El amo fue mientras a buscar a las doncellas para que prepararan a la novia con el vestido y los adornos.
Cuando las mujeres vieron a la yegua en la habitación pensaron que sería una broma, riéndose mucho vistieron al animal con un traje nuevo y le colocaron las joyas; en la cabeza le pusieron una corona de mirto.
Bajaron divertidas a anunciar que todo estaba listo y el amo mandó traer a la prometida.

En ese momento, un cortejo nupcial entró llevando la yegua, cuando los invitados vieron a la extraña novia se echaron a reír, burlándose de su anfitrión.
El propietario de la hacienda se sintió avergonzado y muy humillado; nunca más volvió a molestar a la muchacha que lo había engañado.

Todos los artículos hasta el momento aquí:

1.Cataratas de Iguazu
2.La Alhambra
3.Perito Moreno
4.Petra, La Ciudad del Desierto
5.El Salto del Ángel
6.Taj Mahal
7.Highland, Escocia
8.Chichén Itzá
9.Las Grutas de Postojna
10.Parque y Cascadas de Plitvice
11.Los monasterios de Meteora
12.Terrazas de Arroz de Banaue, Batad y Bangaan
13.La Calzada del Gigante
14.Bahía de Ha-Long
15.Angkor – Camboya
16.Parque Nacional Arches
17.Valle Lauterbrunnen
18.Parque Nacional Banff
19.Cataratas Victoria
20.La Isla de Pascua

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100 Lugares que visitar antes de morir. 3 Glaciar Perito Moreno

El glaciar Perito Moreno es una inmensa masa de hielo con un frente de 5 kilómetros y una altura sobre el agua de 60 metros que encontramos en la provincia de Santa Cruz en la Patagonia Argentina.
En 1981 la UNESCO declaró al Parque Nacional Los Glaciares como Patrimonio Natural de la Humanidad.

Imagen satelite

Uno de los mayores espectáculos que puede visualizar el visitante es el derrumbe de parte del glaciar que esta en constante movimiento. Estas caídas no son culpa del maldito calentamiento global, el Perito Moreno es uno de los pocos glaciares que no están viendo disminuido su tamaño por este fenómeno. Adjuntamos video casero para hacernos una idea de la espectacularidad del fenómeno.

Se puede (más bien se debe) realizar un trekking por el glaciar, la ruta comienza junto al Lago Argentino, en Brazo Rico, y durante 11km ascendentes, llegaremos a la zona central del glaciar.
Es una ruta de una dificultad media no por la pendiente ni por la distancia, sino porque hay ir bien equipados para adentrarse en un glaciar, algo que siempre entraña cierto riesgo por las grietas y el hielo en movimiento.

También es muy recomendable una navegación en catamarán por el lago, acercándose a la base del glaciar.

Como va siendo habitual, amenizamos el artículo con una leyenda. Esta versa sobre los primeros pobladores de la zona los tehuelches quienes al llegar el invierno comenzaban a emigrar a pie hacia el norte, donde el frío no era tan intenso y la caza no faltaba.

Se dice que cierta vez Koonex, la anciana curandera de una tribu de tehuelches, no podía caminar más, ya que sus viejas y cansadas piernas estaban agotadas, pero la marcha no se podía detener.

Entonces, Koonex comprendió la ley natural de cumplir con el destino. Las mujeres de la tribu confeccionaron un toldo con pieles de guanaco y juntaron abundante leña y alimentos para dejarle a la anciana curandera, despidiéndose de ella con el canto de la familia.
Koonex, de regreso a su casa, fijó sus cansados ojos a la distancia, hasta que la gente de su tribu se perdió tras el filo de una meseta. Ella quedaba sola para morir. Todos los seres vivientes se alejaban y comenzó a sentir el silencio como un sopor pesado y envolvente.
El cielo multicolor se fue extinguiendo lentamente. Pasaron muchos soles y muchas lunas, hasta la llegada de la primavera. Entonces nacieron los brotes, arribaron las golondrinas, los chorlos, los alegres chingolos, las charlatanas cotorras. Volvía la vida.

Sobre los cueros del toldo de Koonex, se posó una bandada de avecillas cantando alegremente. De repente, se escuchó la voz de la anciana curandera que, desde el interior del toldo, las reprendía por haberla dejado sola durante el largo y riguroso invierno.
Un chingolito, tras la sorpresa, le respondió: “nos fuimos porque en otoño comienza a escasear el alimento. Además durante el invierno no tenemos lugar en donde abrigarnos.” “Los comprendo”, respondió Koonex, “por eso, a partir de hoy tendrán alimento en otoño y buen abrigo en invierno, ya nunca me quedaré sola” y luego la anciana calló.

Cuando una ráfaga de pronto volteó los cueros del toldo, en lugar de Koonex se hallaba un hermoso arbusto espinoso, de perfumadas flores amarillas. Al promediar el verano las delicadas flores se hicieron fruto y antes del otoño comenzaron a madurar tomando un color azulmorado de exquisito sabor y alto valor alimentario. Desde aquél día algunas aves no emigraron más y las que se habían marchado, al enterarse de la noticia, regresaron para probar el novedoso fruto del que quedaron prendados.
Los tehuelches también lo probaron, adoptándolo para siempre. Desparramaron las semillas en toda la región y, a partir de entonces, “el que come Calafate, siempre vuelve.”