Crónica Maratón de Madrid

Leí estos días a un twittero que decía: “Correr un maratón es como ligarte a la guapa del baile, mola mientras sucede pero lo guay es contarlo luego.”

Y es aquí donde comienzo a contar como viví mi primera maratón. Me remonto a septiembre de 2013 cuando me lié la manta a la cabeza y me inscribí a MAPOMA, sin haber corrido tan siquiera una media. 7 meses de entrenamientos, de vivencias, de otras competiciones (tres medias en ese periodo por ejemplo) e ilusiones. Estaba en marcha el plan #HighwayToMyDream.

Tras llegar un poco tocado a Media Maratón Villa de Madrid, por la sobre carga de entrenamiento y una vez con el dorsal olvidarse todos los dolores y hacer una buena carrera, la motivación de cara a MAPOMA estaba por las nubes. Veía muy cerca bajar de 4:00 horas. Aunque como todo maratoniano, no me veía prepara y sentía una falta de entrenamiento.

A los dos días un buen entreno de trailrunning, después uno de piscina increíble, descanso, y un trote a ritmo medio de 12km, en el cual me empezó a doler el interior de la rodilla izquierda de una manera muy molesta. Al día siguiente tenia programada una ruta de unos 20km por el Valle de la Fuenfría y para allá que me fui, iba a ser el último entreno duro a 13 días vista del gran día.

En el primer kilómetro la rodilla me dijo que no quería correr, me molestaba mucho. Había ido hasta Cercedilla y decidí hacer el recorrido algo más corto en trekking, así que comencé a 1400 metros de altitud y subiendo hasta los 1900 con cada vez más molestias. Como me dolía mucho decidí a los 10km dejarlo y bajar por un camino más rápido y por ende más empinado, y hay la rodilla ya no me dejo hacer nada, tuve incluso que hacerme con una rama a modo de muleta. Me ponía en modo Bear Grylls. Decir como ejemplo que el que hacía el kilómetro 11, totalmente en bajada tarde 24:56 minutos y el 12, 24:08. Conseguí llegar a una pista y cuando llevaba cojeando de manera exagerada otros dos kilómetros, un guarda forestal me vio y me ofreció bajarme hasta el pueblo al que le quedaba ya poco, pero mi estado era lamentable.

Como entraba la Semana Santa y salia unos días fuera, aunque mi intención era hacer un poco de MTB a modo relax, me deje la bici en casa y me dedique a descansar. Parecía que mejoraba. El domingo tuve que trotar 50 metros jugando con los niños y volvió el dolor exagerado. Menudo bajón, menudo cabreo.

El lunes en Madrid fui a un traumatólogo de urgencias, el cual tras dos preguntas y ver que no era nada de ligamentos, diagnostico una tendinitis de “pata de ganso”, sin más pruebas ni nada por el estilo, me mando hasta 7 medicamentos diferentes y revisión en 10 días. “- Tengo un maratón el domingo”, -“Aquí no hacemos milagros”.

Por la tarde tenia cita con una masajista recomendada por el gran Luis Andes, tras muchas preguntas y una buena exploración encontró el problema, que no venia de los tendones del cuadriceps, sino del los del gemelo, lo trato, me paliceo y me dijo que esperara un par de días a que se me pasara la paliza. Efectivamente parecía estar todo mucho mejor.

El jueves previo al maratón salí a trotar y probar por primera vez tras 11 días parado, solo 20 minutos. A los 600 metros volvió el dolor intenso, y una impotencia absoluta, algo más de 4 kilómetros de puro dolor, yendo muy despacio. La cabeza no podía más, “7 meses de entrenamiento tirados a la basura.”

El viernes fui a la feria del corredor a recoger el dorsal, pero los ánimos no eran buenos, casi todo el mundo me decía no vayas a la carrera, habrá más maratones. Mi cabeza me decía lo mismo. Pero quería ir al menos a la salida y hacer 2, 3 o 7 kilómetros, lo que pudiera.

El domingo siguiendo el mismo ritual de todas las carreras estaba claro que las cosas no eran igual, los nervios previos eran sensaciones de impotencia. A 10 minutos de salir de casa pensé en quedarme, era absurdo ir a arrastrarse. Pero saque fuerzas de algunos sitios que todavía me quedaban, sin yo saberlo y nos fuimos a la salida.

Menudo ambientazo en los alrededores de Cibeles, que cantidad de gente. No soy partidario de organizar paralelamente tres pruebas, sobre todo en meter un 10k, con la cantidad de ellos que hay todos los fines de semana, pero hay que hacer caja, y la verdad que tanta gente le daba su aquel.

Después de pasar una de las experiencias más desagradables de todas las carreras que he corrido, ir a los servicios portátiles de la organización, me encontré con los que serian mis compañeros de batalla para esta ocasión, Alberto y Jesus. Un pequeño pinchazo en la rodilla también me acompañaba. Pero tras preparar todos los complementos (mp3, alimentación, crema solar, vaselina) no dirigimos a la salida, colocándonos un poco por detrás del globo de 5 horas, era donde se podía acceder. Siendo mucha más gente que en el Medio Maratón de Madrid, parecía que había más espacio. Concentración, se da la salida, cinco minutos después llegamos a la salida propiamente dicha y comenzamos a trotar Castellana hacia arriba. Público por todos lados, comienza la aventura.

El volumen de gente no permite correr suelto, pero si ir calentando, y la magia del dorsal en principio deja la rodilla en un segundo plano. La idea era llegar hasta Plaza de Castilla y ver como funcionaba al bajar Bravo Murillo, ya que donde más molestaba era al bajar. Eso empezaba en el kilómetro 9 y ya era más de lo que pensaba hacer.

Todo el rato junto a Jesus, Alberto fue más listo y llevo su ritmo con algo más de cabeza, fuimos entrando en calor y pudiendo correr algo más, conocimos a una amiga Hippie, y a la altura de las torres cogimos al globo de las cuatro horas, tras 8 kilómetros subiendo el ritmo.

Tras unos grandes ánimos en la entrada de Bravo Murillo empece a bajar sin apenas molestias, y a subir un poco el ritmo, en el avituallamiento del kilómetro 10 perdí a Jesus. Me estaba encontrando bastante bien, como comprobaría más tarde demasiado bien. Llegamos a uno de los puntos de la carrera que más me gustaron, por ser de los lugares que es imposible correr, en la calle Raimundo Fernandez Villaverde, subiendo por el puente por encima del paseo de la Castellana, estuvo muy guapo.

Pronto llegamos a la división del Maratón y la Media, y se despejo algo la carretera, estaba demasiado eufórico, las piernas respondían, y el ánimo estaba alto, cada kilómetro que caía gritaba “SOLO QUEDAN 28,27,26!!!” los compañeros de carrera jaleaban. En la entrada a calle Santa Engracia me esperaban para animarme, lo cual daba más energías todavía. Y cogí un mapache de liebre.

Estaba disfrutando, después de 15 días de machaque mental, la cabeza estaba funcionando, y me permitía evadirme de los dolores, que dicho sea de paso eran casi insignificantes. Correr por Gran Vía sin coches a lo “Abre los ojos” pero con mucho público y muchos corredores, era muy especial, Plaza de Callao y bajar la calle Preciados hacia Sol, la sonrisa no me cabía en la cara. Al entrar en Sol, antes del 19, el cuerpo me dio el primer aviso, en forma de pequeño tirón en los isquiotibiales de la pierna derecha, momento que recogió un fotógrafo oficial de la prueba. Dejo abajo el momento feliz de Preciados y el momento alarma de Sol echándome mano a la pierna, como me niego a pagar 20 lulus por una foto (aquí se les ha ido de las manos a la organización) la pongo con las restricciones de marcas de agua.

Que cantidad de gente en Sol, al verme en crisis la gente me animaba muchísimo, “VENGA TIRA”,”SIGUE, SIGUE, SIGUE!!!”, la calle Mayor estaba a rebosar, y en estas que me cogió de nuevo Jesus preguntándome que pasaba, y tirando de mi. Así que a continuar, pasada la primera crisis. Creo que nos hemos pasado de ritmo, siguiendo así nos sale 3:30, y el objetivo rondaba las 4 horas, esto no va a salir gratis. En el Palacio Real paramos a orinar en los preciosos jardines, según ordenanza municipal debemos 400€ al ayuntamiento de Madrid, pero creo que nos lo van a perdonar. Aprovechamos bien el avituallamiento, como hice durante toda la prueba, no me falto hidratación eso seguro. Y llegamos hasta la media maratón. Un poquito de reflex por parte de una patinadora en la pierna maltrecha, por cierto que grandes los patinadores, menudo trabajazo que realizaron, y a continuar. Esto ya lo hemos hecho más veces, ahora solo hay que repetirlo. Eso si sabíamos y comentamos que nos habíamos pasado de ritmo. Pero seguíamos con ganas de hacer el idiota.

Entre el 22 y el 23 noto un bajón de rendimiento, pero nada preocupante, estoy hidratado, alimentado, y no excesivamente cansado, simplemente hay que bajar un poco el ritmo, Jesus va fuerte todavía, no me quiere soltar pero le digo que siga, me va a esperar en la subida del 30, pero eso momento nunca ocurriría, voy bajando y no cojo ritmo bueno, pero tampoco muy malo, así que sigo. Empieza a llanear y alargo la zancada, llamo por teléfono a la jefa, me esta esperando en el kilómetro 31, en Puerta del Ángel, “no te preocupes, he bajado el ritmo pero llego, la rodilla me respeta de momento, esto lo voy a terminar”. Y al colgar no se si me anime demasiado o que paso pero me pego un tirón en el isquiotibial que ya había amenazado en Sol que me dejo doblado, y tirado literalmente en la cuneta. Automasaje, estiramientos y 10 minutos tirado en el suelo y me vino en mantra que desde ese momento no se separaría de mi en lo que quedaba. “RENDIRSE NO ES UNA OPCIÓN”. A levantarse, apretar los dientes y continuar, por delante venia la que todos los veteranos de MAPOMA dicen que es la parte más dura, el tramo por la Casa de Campo, y aunque algo mal trecho, de cabeza iba fuerte así que tras dejar la abarrotada Plaza de Príncipe Pío atrás nos metimos en el parque, y fue funcionando, hasta antes del 28 donde me pego otro viaje el isquiotibial, duro menos la recuperación, y seguía en marcha.

Objetivo cumplido, salir vivo de la Casa de Campo. Estamos por el 30, y en este punto mi rodilla izquierda a decido acordarse de mi y de que estaba maltrecha, ya no se separaría de mi en lo que nos quedaba de viaje, y ademas se traía a varios amigos dolores para distintas parte de las articulaciones y músculos, bueno en compañía se hará más ameno. Mi garmin me avisa en el km30 “Cuidado distancia excesiva”, jaja a mi me lo vas a contar.

Como me habían prometido me esperaban el 31, y esto sube la moral, el próximo sitio donde nos veríamos seria en meta, con lo que no había otra opción, tenia que llegar, “sea como sea, nos vemos allí”, y continuamos la marcha con mis amigos los tirones y el dolor.

Desde aquí aproximadamente hasta el kilómetro 41, vamos lo que vienen a ser 10 kilómetros creo que no hice ninguno completo corriendo, nunca me pare, esa opción no existía, pero la rodilla chunga me daba unos pinchazos brutales, cuando no podía correr caminaba lo más rápido posible, y volvía a correr. Usaba un rato el móvil, cantaba las canciones del pedazo de playlist que me había preparado para la ocasión, y seguía avanzando. No recuerdo si fue en el 35, 36 o 37 me paso el globo de las 4:30, y creo que fue el único pequeño bajón moral de toda la carrera. Pero rapidamente hice valoración de la situación, esa misma mañana no iba a ir a la carrera, llevaba 15 días parado y aun así estaba allí por la calles de Madrid con treinta y muchos kilómetros en las piernas, y estaba contento. La batalla de bajar de 4 horas la pelearíamos otro día. Y ademas el equipo “oficial” de animadores holandeses seguían dándolo todo en cada punto que los encontrábamos, no les podíamos fallar.

Abrimos un paréntesis para recordar al idiota, que en vez de alegrarse por este grupo de unos 10/12 holandeses que nos animaban a todos más que nadie, como si fuéramos el amigo o familiar que habían ido a ver, se le ocurre el grandioso y ocurrente chiste, “que os ganamos el mundial”, muy bien chavalote, tu vales para monologista… en fin hay gente para todo.

Llegue a Atocha, ahora había que subir hasta Colon, cada vez más cerca de la meta. Volvía a haber reflex en las manos de los patinadores, cada vez que enganchaba a uno me daba en la rodilla y en cada lugar que me tiraba en ese momento. Volvimos a llegar a Cibeles, aquí estuve yo hace algo más de 4 horas, ¡si lo llego a saber os espero al sol!. Y también vimos a Neptuno, y seguimos adelante, y nunca me pare, estaba ya muy cerca.

Habíamos auténticos zombies a esas horas caminando/corriendo por las calles de Madrid, pero todos con la misma mentalidad, ya no me paro, ya estoy hay. Los que no habéis estado en una de esta no podéis imaginar el subidón que es ver el cartel de los 40km, significa muchas cosas, ya solo queda tirar de corazón un ratito y habrás conseguido lo que te habías propuesto. Me acorde de mucha gente en esos momentos, de cada uno que me había ayudado de una manera u otra a estar allí, hice un vídeo para mí y para ellos, alguno se me escapo por la fundida de coco, pero solo en el vídeo, iban conmigo.

El último kilómetro es más fácil que el primero, ríes y lloras al mismo tiempo, no te acuerdas de los dolores, de los tirones. Sabes que has cumplido con lo que venías hacer. Otro vídeo, este más personal, para no olvidar los últimos metros, Carlos animando por sorpresa a 400 metros del final, un gran beso a 200 metros, y una agradable soledad con un grito de alegría al rebasar la meta. Marcaba 4:41 pasados, el tiempo real 4:37 minutos, una pasada, peor de la intención, pero dadas todas las circunstancias un buen logro.

Encuentro a mis dos compañeros, Alberto me tuvo que pasar en mi primer tirón fuerte, el que me doblo. El venia a rondar las 5 horas y se marco un 4:26:19 espectacular. Jesus tiene el pie como una bota, después de 8 meses de su accidente a logrado su objetivo, por poco no bajo de las 4 horas, 4:03:18, me siento un poco culpable, si hubiera estado bien lo hubiéramos hecho todo juntos y lo hubiéramos logrado seguro, pero esta muy contento igualmente, habrá más. Yo un muy discreto 4:37:23, pero esta vez más si cabe a sido lo de menos.

Agradecimientos varios, a Fernando y Jorge por cubrirme en el trabajo y permitirme haber corrido, os lo debo. Luis Andes por todos los consejos y ánimos que han valido de mucho. A una de mis familias favoritas, Leo, Tere y Chose, por ese vídeo pre-carrera que me lleno de fuerzas. Los amigos, familiares y compañeros que mandasteis ánimos antes y durante y los que os acordasteis los días posteriores, sois muchísimos así que no me quiero dejar a ninguno, ya os lo he dicho en persona. Y como siempre como no podría ser de otra manera a la que me aguanta, menudo maratón se corrió por todo Madrid de metro en metro para estar en todos los sitios. La medallita es un poco de todos vosotros.

Este artículo he tardado más de lo habitual en escribirlo, había muchas sensaciones que asimilar. Aunque no le quito ni una pizca de merito a lo que conseguí ese 27 de abril en las calles de Madrid, si que me deja un pequeño mal sabor de boca el saber que hubiera sido si hubiera estado perfecto, no digo que hubiera sido mucho mejor, quizá hubiera ido más fuerte y hubiera pinchado, o quizá hubiera pulverizado esas 4 horas, es algo que nunca sabremos, pero si que volveré a ponerme en una linea de salida para correr 42.195 metros y que os lo contare. Esa sera otra historia. RENDIRSE NUNCA FUE UNA OPCIÓN.

El proyecto #HighwayToMyDream a quemado su primera etapa y objetivo realmente importante y ahora hay que planear los siguientes pasos a seguir. El siguiente gran reto me apetece mucho, pero tengo que cuadrar muchas cosas para estar en disposición de ir a por el, según avancemos lo pondré en conocimiento de todos, solo una pista 70.3. ¡¡demasiado obvia!!

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3 pensamientos en “Crónica Maratón de Madrid

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